Las Fiestas de Fin de Año arrancan cada vez con mayor anticipación. Y los tucumanos estamos viviendo una suerte de “Navidad psicológica”. Guirnaldas en oferta, árboles a precios de primer mundo, vidrieras ya preparadas para los festejos. Y todo el efecto consumo que ello implica.
Un señor le dice a su mujer: “vieja, dejemos el pollo de lado y comamos unas pastas en Nochebuena”.
Un niño que dice: “papi, decile a Papá Noel que me traiga la Play 4”.
La mujer que ya está mirando las vidrieras de la lencería que se tiñeron de rosa.
Consumo, puro consumo.
Es que los tiempos están tan acelerados que el año se nos pasó volando por las narices. Si a este 2013 le queda menos de un mes y ya estamos pensando qué sucederá con el que viene. Los problemas cotidianos siguen allí, como una sombra. Pero, eso sí, nadie nos puede embargar la esperanza. Ni todo el año es carnaval. Ni todo diciembre es Navidad. A la vida hay que vivirla intensamente todos los días. Como si cada jornada naciera algún proyecto o idea entre nosotros; como si aquel problema se convirtiera en un desafío. Y hasta en una oportunidad para cambiar, para mejorar, para superarnos. De eso se trata la Navidad. Y no del consumo anticipado.